Política
Exclusivo de NONA

Misterio en el aire: el Gobierno cree que el kirchnerismo coló a la esposa de Adorni en el vuelo oficial

El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, intenta defenderse de cualquier manera para mantener sus privilegios. (Dibujo: CHATGPT - IA)

La política argentina volvió a demostrar que, cuando se trata de polémicas aéreas, siempre hay turbulencia garantizada. Esta vez el episodio tuvo como protagonista al jefe de Gabinete Manuel Adorni, cuestionado por haber viajado a Nueva York en el avión presidencial acompañado por su esposa.

Pero el ministro del Interior, Diego Santilli, salió rápidamente a poner orden en la cabina: según explicó, todo se trataría de una sofisticada operación del kirchnerismo, aparentemente capaz de manipular desde agendas personales hasta asientos en vuelos oficiales.

Desde Expoagro, Santilli se mostró firme y aseguró que el episodio no fue más que una maniobra política para desgastar a un funcionario al que describió como "un tipo probo, que trabaja y pone el cuerpo".

En el Gobierno sostienen que Adorni jamás tuvo la intención de sumar a su esposa a la comitiva, pero que una serie de circunstancias misteriosas (cambios de agenda, invitaciones repentinas y tal vez alguna turbulencia conspirativa) terminaron generando la situación.

Puertas adentro de la Casa Rosada circula una hipótesis aún más intrigante: la posibilidad de que infiltrados opositores hayan inducido la decisión. Según versiones en off, el operativo habría sido tan preciso que logró que la esposa del funcionario apareciera en el itinerario casi como si se tratara de una escala técnica. Un asesor deslizó que "cuando uno se quiere dar cuenta, ya está sentado en el avión y alguien del kirchnerismo te alcanzó el cinturón de seguridad".

La teoría no termina ahí. Algunos funcionarios sugieren que la red de influencia sería tan amplia que incluso podría haber operado desde las terminales aéreas.

En ese contexto, mencionan que La Cámpora todavía tendría influencia en sectores vinculados al transporte aéreo, lo que (según la imaginación gubernamental del momento) podría explicar cómo un simple viaje oficial terminó convertido en una novela política con escala internacional.

Mientras tanto, en los pasillos del poder ya hay quienes miran con desconfianza cada lista de pasajeros, cada boarding pass y hasta el carrito de bebidas del avión presidencial.

No sea cosa que, en medio del vuelo, aparezca otro infiltrado K ofreciendo maní salado y generando una nueva crisis institucional a 10 mil metros de altura.

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